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POR:
ROLANDO DÍAZ
CERVANTES
rolandodiazc@hotmail.com


ALIANZA CORAZÓN



No soy hincha de Alianza Lima, pero ya era periodista cuando el fatídico Focker se llevó a esos muchachos, dejando sus tumbas sin cruces en el mar de Ventanilla.

Aquella mañana, la sala de Redacción se extremecía como el resto del país. Recuerdo que el locutor de un conocido noticiero radial confirmaba los nombres de los futbolistas. De pronto, escuché: "Aldo Chamochumbi Argote" y se me vino a la memoria la escuela primaria, el colegio Claretiano, las pichangas de patio durante los recreos. La memoria hizo que la noticia doliera mucho más. Sin darme cuenta, presionaba con fuerza una carilla donde iba a redactar la noticia -mi pata, ¡se murió, mi pata del colegio...!- repetía en silencio. De pronto, sonó el anexo despertándome de una pesadilla real, -encárgate de cubrir todo sobre el Focker-, era la orden del jefe. Como un autómata a bordo de la móvil me dirigía al mar de Ventanilla donde me iba a encontrar con mi amigo, no para una pichanga de colegio, ni siquiera para imaginar que algún día él sería futbolista y lo entrevistaría para la televisión. Era mi primera nota con Chamochumbi y, desgraciadamente, no era para el suplemento deportivo.

Cuando llegamos, el lugar contrastaba, pues el Sol radiante de diciembre y el reventar de las olas parecían desentonar con el aroma de fatalidad, los rostros extraviados de los hinchas y una prensa acongojada como el resto del país. Acomodé mi grabadora y la libreta de apuntes, miré hacia el horizonte. No podía evitar que mi alma se estremezca y preguntar al cielo ¿por qué suceden cosas como éstas? Entre gaviotas, tristeza, brisa marina y desconsuelo, empecé a escribirle una carta a mi amigo Aldo: "No te preocupes compadre, tengo el presentimiento de que todavía me voy a quedar un buen tiempo por aquí, siempre dándole a la máquina de escribir, así como en las épocas claretianas, cuando redactaba el periódico mural mientras tú le dabas a la pelota, jugando por la selección del colegio. Te cuento que, cada cierto tiempo, cuando esté en diferentes diarios y revistas, voy a escribir sobre el futbolista Chamochumbi, aquel jugador de Alianza que ya debe haberse hecho amigo de Alejandro Villanueva, que seguirá recibiendo las instrucciones de don Marcos Calderón y hasta conocerá en persona al gran Héctor Lavoe. ¡No te preocupes "Chamo"!, no te prometo hacerle barra al Alianza porque, como recordarás, jamás fueron de mi simpatía. Pero estoy seguro de que, en lo que me queda de vida, siempre que vea los colores blanquiazules recordaré con nostalgia al amigo, al compañero y, con mucho dolor, al ídolo que debiste llegar a ser y al crack que jamás llegue a entrevistar. Hoy recibo la postergación del diálogo para una fecha indefinida, porque así lo quiso Dios. Bueno "Chamo", me despido porque los barristas han empezado a correr hacia una de las olas. Parece que en el mar hay otro cadáver y solamente deseo que no sea el tuyo. Es mejor tenerte en el recuerdo vestido de corto y ganador. Tus amigos siempre te recordaremos y no te olvides de que algún día nos encontraremos para la entrevista pactada. Se despide tu amigo, Rolando".

Fueron varios días que tuvimos esa dolorosa comisión. Han pasado trece años y todavía se nos hace un nudo en la garganta cuando recordamos, no sólo al "Chamo", al resto de sus compañeros, no por futbolistas ni por ídolos, sino por jóvenes. Pese al tiempo transcurrido, todavía nos parece recordar el mar de Ventanilla, el bullicio del patio del colegio y la voz del "Chamo" diciéndonos que sería un gran futbolista.

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