Make your own free website on Tripod.com
  Tú estás aquí (You are here): Portada(artículos) > Los presidentes clandestinos...
 


Artículos

LOS PRESIDENTES CLANDESTINOS: CORDERO Y VELARDE Y ALEJANDRO TOLEDO.

Corría la primavera de 1950 y la sociedad limeña pugnaba por acostumbrarse al gobierno de Manuel Odría cuando, de pronto, irrumpió en la escena política nacional un personaje muy peculiar que daría mucho que hablar por sus excéntricas características en su modo de actuar. Se trataba de don Luis Cordero y Velarde, autocalificado presidente de la República del Perú y jefe Supremo de las Fuerzas Armadas de Aire, Tierra y Mar.

Esto viene a colación ahora que concluyó el proceso electoral del 2000 y tenemos un presidente de la República ratificado en Palacio de Gobierno por la voluntad popular, personificado en la figura del ingeniero Alberto Fujimori y a un Alejandro Toledo que hace lo indecible por tratar de conseguir ese cargo sin lograrlo.

El "loco Cordero y Velarde" fue visto en innumerables reuniones o exhibiciones con una banda "hecha a pedido" con los colores rojo y blanco nacionales, puesto que, al ser ignorado por la voluntad popular en los comicios electorales, no terminó nunca por resignarse a no poder obtener tan ilustre cargo político. En cuanta elección presidencial participó, perdió estrepitosamente, pero más grande era su terquedad que su discernimiento de la realidad.

Se lanzaba a las calles y plazas públicas, de la mano con unos folletos que él mismo editaba en una imprenta que le daba crédito. Eso le servía para cambiarla por comida o por algunas monedas, según la ocasión.

Su lugar de recorrido favorito era el Jirón de la Unión, que desembocaba en la Plaza San Martín, en donde improvisaba sus mítines de campaña encima de un banquito especialmente acondicionado. Su vestimenta favorita consistía en un terno azul marino cansado por el tiempo y brilloso por el polvo y la grasa acumulados en silenciosa complicidad. Gustaba de colocarse un sombrero de tongo y usaba un bastón de cedro.

Estas singulares características parecen haberse reencarnado en Alejandro Toledo, quien ha prometido frente a los medios de comunicación trabajar como presidente clandestino. Pero todos nos preguntamos cómo va a ser presidente si ya elegimos uno, y cómo clandestino, si todos sabemos que él perdió las elecciones en primera y segunda vuelta.

Un dato más, para la comparación: Cordero y Velarde solía mentir en relación con sus títulos sólo por ser altanero -dicen que hablaba inglés entre la gente de la educación más elemental-. Él era empleado del Ministerio de Salud, donde tenía rozamientos con otros burócratas como él.

En ese ministerio nadie le decía doctor por antipatía, pero en Surquillo la gente humilde le daba ese título.

A este paso, con su constante perorata de líder sin destino, Alejandro Toledo podría llegar a ser un remedo de Luis Cordero y Velarde, convirtiéndose en eso, precisamente, un rey sin corona, un falso presidente con banda presidencial, y como corolario a sus esfuerzos, en el único dueño de un Palacio de Gobierno en torta de crema chantilly.

La verdadera historia y otros temas de actualidad en GENTE.
Congresista Manuel Masías (SP): "Ahora lo prudente es dialogar con el gobierno".
Magaly Medina: "Yo no soy una cortina de humo ni una marioneta gobiernista".
Entrevista a Claudia Doig.
Los presidentes clandestinos: Cordero y Velarde y Alejandro Toledo.
Revista GENTE. Derechos Reservados www.genteperu.com
Diseño y soporte: