Make your own free website on Tripod.com
  Tú estás aquí (You are here): Portada > El Quinto Pie del Gato
 


POR:
JOSÉ ENRIQUE ESCARDÓ
quintopie@genteperu.com

"Quien quiere ser un creador ha de ser primero un destructor y quebrantar valores"


HECHOS DE PAPEL HIGIÉNICO

Cuando era chibolito estaban esos ricos de la clase que por ser más altos, más lindos, buenos en deportes o lo que sea, se juraban la mamá de Tarzán. La imbecilada impera en el colegio. Las inferioridades, los traumas, la falta de afecto y todas las demás deficiencias psicológicas que tenemos los bípedos semihumanos de esta sociedad amorfa y acomplejada se ven suplidas de vez en cuando por algún éxito, por más iluso que éste sea. En el cole pasa, pero ya de grandes es de lo más patético.

Apenas los mediocres empiezan a salir en la tele más de la cuenta o algo por el estilo, simplemente porque hay un grupete de unos miles que hacen que no sientan sus carencias con aplausos y sobonería, ya se creen los «divos» o «divas».

En este país de cuatro gatos ciegos, en el que es recontra fácil hacer cojudeces y salir en la tele quedando como la gran estrella o dios(a), esta subespecie humana se dedica a dos actividades igualmente estúpidas y vacías: la política y el espectáculo.

Las deformaciones emocionales a las que han sido sometidos desde chiquitos los políticos y los artistas «creídos» -porque hay unos cuantitos entre ellos que se mantienen en su lugar y no se creen estrellas- empujan a esta pobre gente a creer que porque destacan en medio de sus colegas y cierto público -que también los «consume» para sentirse menos desalentado en su rutina diaria- los admira, son mejores o más dignos de engreimientos y detallitos que los demás de su especie.

Esto se ve en todo el mundo, pero aquí, en Perú, la mayoría de los «grandes divos y divas» son una manga de mediocres que no le han ganado a nadie en nada. Son los mejores en lo que hacen porque los demás son peores que ellos o no se han tirado a tantos ejecutivos. Los jijunas estos te hacen esperar, te tratan despectivamente, te arrochan, te miran por encima del hombro, te maltratan con sus miradas. Tienes que rogarles para que te den un poco de su tiempo, tienes que sobonearlos cada vez que los veas para que te tomen en cuenta, no puedes hacerles notar errores o fallas.

Por supuesto que esta gentita de cuarta categoría -que se jura de primera- tiene ochenta mil filtros para llegar a ellos, asistentes, secretarias(os), representantes, managers y toda una gama de huevones huelepedos que se creen la sombra de sus «divos» o «divas» y terminan siendo peores que sus amos.

Antes de dar con estos imbéciles para cualquier cosa que necesites, incluso para promocionarlos gratis, tienes que hacer cola y ponerte a rogarles las cosas.

Yo no sé por qué se sienten tan todopoderosos. Bueno, sí sé. Claro que sé. Por sus carencias, que son más fuertes que estos lamentables. Tienen que creerse superiores porque se saben -en lo más profundo de sus mentes frustradas- inferiores.

Podrán haber trabajado mucho para lograr algo más o algo que los diferencie, pero eso no les da el más mínimo derecho a volverse unos patanes, creídos, que maltratan a cualquiera que «no esté a su nivel». Pobrecitos, no se dan cuenta de la mierda que tienen en la cabeza, de esos seudovalores con los que manejan sus miserables vidas a las que tienen que estar buscándole siempre algo más para no ser descontinuados por su mercado, por su público. Miserable vida amargada y desesperada que viven estos «divos» y «divas» que viven de la inyección de cariño de gente que ni siquiera conocen. Les encanta que los llamen a la tele, que los inviten a programas a hacer cualquier huevada, por más imbéciles que se les vea. Les encanta poner caritas ante las cámaras. Les encanta que su público los prostituya a su gusto y los compre a cualquier precio. Y cuando pasa el tiempo, se resisten a ver cómo las mismas manos que los aplaudieron antes, ahora se mueven de un lado al otro, diciéndoles: «chau, se acabó, muévete y déjame ver a mi nuevo ‘divo’ o ‘diva’». Las mismas piernas que antes saltaban para verlos a lo lejos, pasado un tiempo servirán para meterles una patada en el culo. Y esos «divos» y «divas» terminan viviendo de un pasado «glorioso» y odiando su presente.

Cuando veo a alguien así, me doy cuenta de que el tiempo de su destrucción se acerca cada vez más rápidamente. «Bien hecho», digo y me siento a esperar para ver cómo termina pudriéndose en el más vil vinifán de existencia.
«Divos» y «divas», prepárense a mendigar lo que negaron a otros: un poco de respeto y humildad. Están hechos de papel higiénico.


¡Para incitar a muchos a apartarse del rebaño, para eso he venido! Que así sea.


El Quinto Pie del Gato
La Memoria del Aire
Crónicas de Medianoche
Calidad de Vida
Sexo y Salud
La Esquina del Marketing
Cineman
GENTE de Hollywood
Horóscopo
Mas Sobre el Autor.
Revista GENTE. Derechos Reservados www.genteperu.com
Diseño y soporte: